viernes, 21 de febrero de 2014

Eres la hostia.

Así es. El amor es una hostia por la cara. Las hay más fuertes, menos fuertes. Que te dejan marca, o simplemente un pequeño enrojecimiento. Pero todas tienen algo en común; duelen y te cogen por sorpresa.

Al principio te dejan atontado, sin saber muy bien qué ha pasado. Más que dolor sentimos miedo y necesidad de salir de ahí.

Después se inflama y duele. Cada vez con más intensidad. Sientes como quema, pero con el tiempo pasa. Lo que antes dolía ahora sólo molesta, y lo que antes quemaba ya sólo escuece. Hasta que todo queda reducido a nada.

Sólo las hostias muy fuertes y bien dadas son las que permanecen a pesar del tiempo. Las que duelen y queman constantemente. Las que te quedan atontados el resto de tu vida.

Y qué es el amor sino una hostia bien dada. La hostia de nuestra vida. Esa que duele, que quema, que atonta. Y esa sensación de alivio cuando te ponen un poco de hielo en ella. El conjunto de sensaciones que ésta desencadena, es lo más similar al amor que he visto nunca.

Y pasa que yo quería que me dieras una hostia, y yo dartela de vuelta. No sé si me entiendes.

La hostia más grande de nuestra vida, amor.

domingo, 9 de febrero de 2014

Llueve por no llorar.

Hoy te echo de menos más que nunca. O eso digo siempre.

Tengo al viento cantándome por la ventana. Soplando a tantos kilómetros como tú estás de lejos por hora.
Hace un día de perros, y yo no voy a ser menos. No me he levantado en todo el día de la cama, ni tengo pensado hacerlo.
Pongo la tele y sólo hablan del mal tiempo. Hay cosas peores. Mi corazón, por ejemplo.

Ahora también llueve. Y el agua parece bailar con el viento, como dos amantes que saben que no se van a volver a ver. Como bailan dos enamorados en el baile de fin de curso al que nunca me llevaste de pareja. Como baila el olvido cada vez que suena nuestra canción con tu ausencia.

Te echo de menos y me parece tan ridículo empezar todas las cartas diciéndo ésto. Como si te rogara volver, que es lo que en verdad estoy haciendo.

Podría ser feliz si quisiera, pero prefiero quererte a ti.

El temporal empeora, la gente tiene miedo. En realidad no es más que mi alma reflejada en un espejo. Podéis llorar conmigo y de mí.

Hoy dueles más que nunca. O eso digo siempre.
Dueles más allá. No en el corazón, no. Más adentro. Más allá del pecho.
Más allá de mí.
Más allá del cuerpo.
Más allá de ti.
Más allá del tiempo.
Dueles en el alma,
en las mariposas. Dueles en la primavera que se niega a llegar y en el otoño que colocaste en mi pelo.
Dueles fuera, y dueles dentro.
Pero sobre todo, dueles. A secas y en segunda persona. Como yo.

El viento canta. La lluvia baila.
Pensé que era mi reflejo. Es mi boca comiéndole la suya a  tu recuerdo.