Dejamos de lado los sentimientos
y el universo
y tu cabeza en mi pecho.
El ventrículo izquierdo se desangra
dejándole el espacio a los versos
que un día me pediste.
La libertad desde lejos se ve mucho más bonita
toda ella alas
intuición
precipicio.
Saltar a la cuna de tus piernas
que abrazan como a un conejo su madriguera.
Cuenta tres y volvemos a empezar.
A bailar, este vals de miradas perdidas. Y pérdidas.
Tropezándose, siendo agua y luz.
Dejamos de lado la sonrisa fingida
en un encuentro casual de manos rozándose la piel al pasar.
Porque no es sonrisa,
es incendio
y ruido.
Un big bang de instintos primarios
la explosión al intentar unir dos polos negativos.
Una historia sin final que pide a gritos
auxilio.
Auxilio.
Somos dos gotas a punto de evaporar,
una resaca constante de besos no dados
el olor a quemado
las ganas de avanzar, aunque sea cada uno por su lado.
Somos piedra en el camino
y abrazo en la caída.
Una espiral de la que sólo se sale
a base de hostias,
pero no,
aun puede doler un poco más.
Y quedarnos un ratito más de la cuenta
en el suelo antes de levantar.
Somos los ocho pecados capitales
porque nosotros éramos uno aparte.
Lujuria
pereza
gula
ira
soberbia
envidia
orgullo
Nosotros.
Nosotros como todo,
como peor, mucho peor que todos.
Somos una herida mal curada
que nunca sanará,
porque cura y olvido es lo mismo
y no
no estamos dispuestos a olvidar.