domingo, 8 de febrero de 2015

No sé olvidarte.

Todas mis personalidades acariciando a la niña asustada que se olvidó de olvidarte.
Siéntate, tengo una prosa que contarte. Verás... existe un nosotros en mi cabeza. Que paseamos de la mano por ninguna parte y me haces el amor en todas. Que hay una playa en la que sólo sube la marea.
Déjame contarte, que el invierno se adelantó seis meses, que es el frío el que sale de mí, que estas cuatro paredes no son refugio desde que no estás.
No necesito escribir un puto poema para decirte que te quiero, la poesía siempre estuvo en tu nuca.
Quienes separan la belleza de la tristeza es porque nunca te han mirado a los ojos.
He tropezado tantas veces con la misma pierna; pero mirarte desde el suelo, como el que mira una mariposa sobrevolar su cabeza, fue la mejor manera de tocar el cielo. Nunca estuviste a la altura, estuviste por encima, tal vez ese fue el problema, tal vez nunca fui suficiente. No me pidas más de lo que no te he dado, si en un suspiro me lo robaste todo.
Sólo yo me entiendo cuando digo que no sé bailar si no eres tú quien me mira desde el otro extremo de cualquier discoteca.
Yo nunca tuve tu fuerza para sobrellevar esta carga, yo no soy capaz de mirarte y que no me tiemblen las piernas. Las farolas se apagan al ritmo de mis pasos volviendo sola a casa. Ojalá lo único que se apagasen fueran las farolas.
No sé seguir hacia delante sin mirar atrás cada segundo por si cambias de opinión y decides volver a morderme la vida.
En realidad, no sé nada que tú no me hayas enseñado antes de marcharte. Lo único que sé es que desde que no estás, no miro el semáforo antes de cruzar.