Que alguien me enseñe,
por favor,
a acariciar tu nombre
sin morir en cada absurdo intento
de pronunciarlo.
Que todo el mundo sabe
que hoy duermo sola,
y nadie quiere venir
a arroparme.
Que alguien me diga,
por favor,
cuánto tiempo me quedas.
Yo ya dejé de esperarnos
cuando me dijiste
"no quiero hacerte daño".
Pero este vacío que dejaste no se conforma.
Y mi corazón perdió la esperanza antes que tu recuerdo.
Menos mal, que es precioso llorarte.