Se oye un disparo
y miles de recuerdos salpican las paredes
que un día fueron testigos
de un nosotros.
De todos los golpes que me diste
ninguno fue de suerte;
pero que bien sabía la derrota
si me la dabas a probar de tu boca.
Huele a gasolina y te veo
sonriendo, con una caja de cerillas
mientras dices:
- Venga pequeña, saldremos de ésta.
Saldremos de ésta significó
que tú te irías con las manos llenas de sangre
dejando en la cama un cadáver
y muchas flores.
Subo al octavo piso
que es tu cuarta costilla
empezando desde arriba
y salto.
Sé que te hubiese gustado
verme volar si no fuese
porque antes de que llegaras
disfrazado de viento,
un huracán ya me había roto las alas.
Abro los ojos y ahí estás;
eres la dosis exacta,
el pero antes de una locura,
el sabor a rojo férreo
y la libertad de querer matarme cuando quiera.
Sí, era yo quien tenía la pistola,
pero tú disparaste primero.