Te he buscado en tantas heridas abiertas,
que se me olvidó la más importante: mi corazón.
Ahora que tu piel besa otra piel, que tu dedos se enredan en otros cuerpos;
dime, cómo es dormir en otra cama sin que puedas llamarla hogar.
Era tan fácil quererte que no supe verlo. No supe verte.
- Contigo hay de dosificar el tiempo - me decías.
El problema es que contigo siempre era el principio.
Traté de esconderme en todas las cuidades que un día soñé visitar,
en todas encontré tu recuerdo esperándome.
Traté de perderme en otros cuerpos, en otras bocas, en otros mares,
en todos tu recuerdo me encontró esperándote.
Tenemos el corazón lleno de heridas de balas,
y el amor se nos escapó por ellas.
No sé diferenciar el amanecer de cuando anochece
desde que no eres tú quien me da los buenos días
ni me hace las buenas noches.
Cómo voy a levantarme cada mañana
si es la tercera alarma la que me despierta
y no tus besos pensando que estoy dormida.
Cómo voy a volver a bailar si no son tus pies
los que bailan a mi lado.
Dime que no estás lo suficientemente lejos para ver que te sigo escribiendo a ti,
que no hay entrelíneas donde no aparezca tu nombre.
- Vuelve. Por favor, vuelve.
En un instante me lo entrega todo. Me abre el corazón en un suspiro y puedo verle todas las costuras que lo forman.
Le lamo las heridas con ojos de gata. Y ahí me tiene, desnuda. Completamente suya, y absolutamente perdida.
- No puedes salvarme sin matarme antes.
No se lo piensa. Me mira, apunta, sonríe y
dispara.

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