domingo, 8 de marzo de 2015

Claro que vuelve.

Son las dos y media de la madrugada de un domingo,
y me llaman tristeza por pasarme la noche delante de un ordenador
tecleando todo lo que me gustaría decirte a la cara
o a la boca
o a las manos
o a tu nuca.
Pero siempre fui un poco melodramática y por eso estoy aquí
en vez de bailando para unos ojos que no conozco
y me miran desde la barra de cualquier bar.

No me preguntes por mis ojeras
si la única forma de no verte
es no cerrar los ojos.
Si me llamas a las seis, después de haberte pasado
la noche bebiendo mujeres con las que tapar tanta soledad.

Siempre te encantó ser protagonista
de libros con sabor a sexo y finales trágicos.
Y no te culpo,
si yo te hice capítulo, libro
y colección entera.

Dime, cómo es dormir en otras camas
sin que puedas llamarlas hogar.

Siempre nos han enseñado a huir de lo que duele;
yo he aprendido que huir
sólo significa ir a buscarte.

Será mejor que me olvides - dices mientras hundes tu cara en mi pelo.

Y te alejas,
y prometes que no volverás.
Pero vuelves.
Claro que vuelves.
Porque el asesino siempre vuelve al lugar del crimen.

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