Tus manos tocaban mi espalda,
mi boca colgaba de tu cuello.
Esa noche yo fui tu guitarra,
esa noche tu fuiste tu cielo.
A mi me encantaba mirar la constelación
de cada lunar de tu pecho.
Tú hacías de mí perfecta melodía,
mientras yo me enredaba en tu pelo.
Y es que jamás vi algo más bello,
que tus labios besando mi barriga.
Jamás vi algo tan perfecto

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